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La muerte de Chantal Sebire y la injusticia del Estado francés

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Las cosas terminaron como debían terminar. Chantal Sebire, la maestra francesa de 52 años de edad que sufría de un estensioneuroblasma, enfermedad muy poco frecuente de la cual se han registrado sólo doscientos casos en todo el mundo en los últimos veinte años, fue encontrada muerta en su domicilio el miércoles pasado.

Ya había expresado mi opinión al respecto de este polémico caso, y la muerte de Sebire no ha hecho más que continuar convenciéndome que la prohibición de la eutanasia en casos como este está completamente injustificada y es a todas luces injusta.

Sebire tenía el rostro completamente deformado a causa de este complejo tumor que se le había instalado en la nariz, apoderándose de gran parte de su rostro desfigurándolo por completo.

Las causas de la muerte de Sebire aún no han sido determinadas, y la autopsia que se le realizó a su cuerpo no dio resultados concretos, aunque la hipótesis de muerte natural fue descartada por quienes están al frente de la investigación, abriéndole la puerta a la conclusión de que esto se trata de un suicidio.

Y digo que terminó como debía terminar porque no existe otra solución en estos casos, en los que la justicia decide por uno mismo y se encarna en el juicio de la persona a favor o en contra de sí misma, irrumpiendo en sus propias decisiones y quitándole la responsabilidad sobre sus acciones.

Una historia triste bajo toda perspectiva, pero que arroja más argumentos a favor de la legalización mundial de la eutanasia, pues la conclusión que uno saca de episodios como este es que todas las trabas que se le han puesto a Sebire fueron completamente en vano, estirando lo inevitable.

Vía | Espectador

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Publicado por: Federico

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