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Gripe aviar: Peleada con nuestras narices

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En plena cháchara relativa al virus A (H1N1) (más conocido como gripe porcina), nos olvidamos de un viejo conocido que supo traernos preocupaciones mayores. Se trata de la gripe aviar, aquella forma de influenza que comenzó a azotarnos en el año 2003 y que hoy es sujeto de una investigación.

En esa tarea se embarcaron un conjunto de investigadores del Imperial College de Londres, quienes analizaron las condiciones de expansión del virus y arriesgando una interesante hipótesis respecto a por qué el virus no terminó siendo la amenaza mundial que muchos predecían.

Según estos investigadores, sencillamente el virus no alcanzó suficientes mutaciones como para poder alojarse en nuestro organismo de forma certera debido a los 36º que tenemos de temperatura corporal, los cuales descienden en nuestra nariz a 32º, haciendo difícil para el virus la adaptación al medio.

Publicado en la revista PLoS, esta investigación da cuenta del fracaso de la expansión a humanos de la gripe aviar. Además, los científicos concluyen que ni siquiera habrían sido suficientes una mayor cantidad de mutaciones entre la influenza aviar y la gripe humana común para su alojamiento definitivo en el cuerpo humano, organismo con temperaturas mucho menores a los 40º de las aves.

Y es bueno saberlo. Las investigaciones sobre la gripe porcina pueden tomar este trabajo como fuente de inspiración para así estudiar mejor sus condiciones de expansión y crecimiento, previniendo de esta manera su comportamiento futuro.

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Publicado por: Federico

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